Il libro di A.Spataro. A cura di C.Benfante

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El ensayista italiano Agostino Spataro presentó su libro "Petróleo, la sangre de la guerra"

Agostino Spataro es siciliano y fue tres veces diputado nacional por el antiguo PCI. Luego de esa experiencia se ha dedicado ha publicar numerosos libros y artículos periodísticos, y hoy dirige el Centro de Estudios Mediterráneos de Agrigento y la revista especializada "Informazioni dal Mediterráneo". Vino a la Argentina a presentar su último ensayo, "Petróleo, la sangre de la guerra". En una entrevista concedida a La Capital en el bar El Cairo, donde la noche del viernes presentó su libro, Spataro desarrolló su visión sobre la puja global por los hidrocarburos, a la vez que mostró entusiasmo por el "fermento político y social" que observa en América latina.

—Antes que nada, tengo que pedirle su opinión sobre la estatización de YPF.

—No conozco en detalle la operación, pero por lo que se lee en los diarios y la votación en el Parlamento, creo que en conjunto es positiva. De un lado, responde a un principio de interés público, el Estado recupera una estructura y un recurso fundamental para su desarrollo. Y así participa de un esfuerzo que existe en América latina por el control nacional de los recursos. Por lo tanto, me parece algo justo, tanto para los intereses específicos de la Argentina como también porque el petróleo se ha vuelto la cuestión estratégica primaria en la fase actual de las relaciones internacionales. Chocan dos tendencias: las multinacionales del petróleo, que controlan el mercado; y los gobiernos nacionales, que tienden a salvaguardar este recurso y ponerlo a disposición del desarrollo nacional.

—En América latina se ven dos izquierdas: la más moderada, con Brasil a la cabeza, y la más radical, que lidera Chávez. ¿Qué piensa de esta diferencia, que no es sólo de estilo sino programática?

—Sí, son dos diseños diferentes. Considero que hoy, la única región del mundo en la que hay un fermento social, político y económico interesante es América latina. Es una esperanza para los pueblos latinoamericanos, pero también para Europa, porque tenemos una crisis que no nos permite ver el futuro. Ahora, dentro de esta realidad latinoamericana hay diversas modalidades. Una es la de Chávez, muy inclinada sobre el componente ideológico. El anuncia el socialismo, pero en la realidad el socialismo ha fracasado en Europa del Este. Yo soy de izquierda, vengo del PCI, pero soy muy realista. Y considero que los movimientos de izquierda deben estar en relación con la maduración de las sociedades, no se debe imponerles un modelo. Luego tenemos la vía brasileña, que es para mí la más caracterizante o representativa de América latina. Porque no es Chávez el que caracteriza a la región, sino Brasil, con Lula y ahora con Dilma Rousseff. Y es esta una línea sustanciamente socialdemócrata. No solo prevé la gradualidad política, sino que salvaguarda intereses nacionales, empresariales. Hay ahí un equilibrio y una sabiduría, donde las fuerzas populares y las empresariales pueden estar unidas en torno a un proyecto. En Europa este proyecto no lo hemos logrado. Aquí se hace, y esperemos que sea un éxito.

—Sobre su libro, surgen dos casos testigo: Irak, donde hay grandes inversiones de posguerra de las multinacionales, y Libia. Ahora, ¿es el mismo "diseño"? Porque en Libia las multinacionales ya estaban...

—Para mí, sí. Las condiciones operativas y políticas, y sobre todo las intenciones anunciadas por Khaddafi sobre las relaciones con las multinacionales, crearon preocupaciones. Según creo, hay un diseño que llamo neocolonial, para controlar la entera producción del petróleo y el gas árabes. Por un lado, se busca garantizar la provisión del mercado, especialmente europeo. Pero a la vez también hay en Medio Oriente una competencia entre Occidente y China. Cada uno compite con sus métodos. China se presenta con la cooperación, no llega sólo con el dinero, como Occidente. De manera que existe esta competencia entre los bloques, y a la vez se da el agotamiento de los hidrocarburos. Hoy se habla de 50 años, con un crecimiento de la demanda y el consumo por los países emergentes, mientras la producción se mantiene en sus niveles previos. Esto agudizará la competencia entre estos bloques, que será comercial, política y esperemos, no militar.

— ¿Cómo está hoy la situación en Libia?

—Está en el poder este grupo de rebeldes de Benghazi, que según muchos medios ha forjado un acuerdo bajo la mesa con Francia y Gran Bretaña para crear esta insurrección para quitar a Khaddafi, y a la vez modificar las relaciones económicas de Libia con el mercado europeo. Estas guerras y "revoluciones árabes" entre comillas se hacen en aquellos países de los que Italia era el primer proveedor y cliente. Con Libia tenía un vínculo privilegiado. Ellos (por el nuevo gobierno libio) dicen que no cambiará nada, pero nosotros tememos que sí, que los protagonistas de la nueva Libia serán británicos y franceses, y no nosotros. Las reservas libias son el 4,5 por ciento de las mundiales, son superiores a las de cualquier países desarrollado, incluso a las de EEUU. El nuevo gobierno libio no es legítimo bajo ningún punto de vista. Y conste que he escrito que Khaddafi es un terrorista confeso que no podía ser recibido en Italia.


 el mundo P32